Polémica sobre el billete de 50 pesos


Polémica sobre el billete de 50 pesos

Proponen retirarlo de circulación por contener un contenido incorrecto. 

 
 

Señor Presidente
de la Academia Nacional de la Historia
Dr. Roberto Cortés Conde
 
De mi mayor consideración:
 
            Deseo poner a su consideración y la del cuerpo académico la necesidad de solicitar al Poder Ejecutivo Nacional que se retire de circulación el billete de cincuenta pesos referido a las Islas Malvinas por contener graves inexactitudes históricas.
            En el anverso de dicho billete se ve un mapa de las Islas mencionadas que no merece mayores objeciones. Pero en el reverso figura una imagen que pretende ser el gaucho Antonio Rivero y la inscripción “Primer defensor de la soberanía nacional en las Malvinas. Recuperó la soberanía patria en 1833”. Esta afirmación es totalmente falsa, y por  ser el billete de circulación masiva induce a error a la ciudadanía, haciendo pasar por héroe a un criminal.              
            Hace algo más de cincuenta años. ante la pretensión de un grupo de personas de levantar un monumento a Antonio Rivero, la Municipalidad de Buenos Aires consultó a esta Academia, la que se pronunció con un dictamen de fecha 19 de abril de 1966, declarando que no se había documentado en modo alguno que el accionar de Rivero hubiera estado motivado por razones patrióticas. Este accionar consistió en el asesinato de cinco personas y el saqueo de sus bienes. Se acompañó el dictamen con documentos justificativos y una erudita comunicación histórica del académico dr. Ernesto J. Fitte (Ver Boletín de la Academia Nacional de la Historia, t. XXXIX, 1966, pp 219-220).
            Años después volvió a plantearse el problema y consultada nuevamente la Academia, se expidió por medio de una declaración, redactada por el académico Humberto Burzio y aprobada por el cuerpo el 30 de julio de 1974, especificando que el accionar de Antonio Rivero no había sido patriótico sino simplemente criminal (ver Boletín de la Academia Nacional de la Historia, t. XLVII, 1974, pp 287-288).
            Sin perjuicio de lo expresado por nuestra corporación en las ocasiones citadas, conviene resumir aquí cuál fue el accionar del gaucho Antonio Rivero y sus cómplices en las Islas Malvinas, ante la impresión y circulación inconsulta del mencionado billete. Rivero había sido contratado como peón por Vernet junto con otros tres gauchos y varios indios, al parecer orientales. Como el gobernador de las Islas Luis Vernet estaba en Buenos Aires a raíz del incidente con la fragata Lexington, U.S.S., el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, designó en septiembre de 1832 gobernador interino al capitán de artillería, graduado sargento mayor don Esteban Francisco Mestivier. Trasladado a las islas de su mando, su carácter enérgico provocó la sublevación de la pequeña guarnición que el 30 de noviembre de 1832, aprovechando la ausencia momentánea de la goleta Sarandí, asesinó a Mestivier y vejó a su joven esposa. Rivero, simple peón, no tuvo intervención alguna en este trágico antecedente de sangre (Ernesto J. Fitte, “Sangre en Malvinas: el asesinato del comandante Mestivier”, Investigaciones y Ensayos, Nº 12, Enero-junio 1972, Buenos Aires, ANH, 1972, pp121-166). Las islas habían quedado sin gobierno efectivo.
En esas circunstancias y ya de regreso la goleta Sarandí, se produjo el ataque inglés del capitán Onslow con la fragata Clío el 1 de enero de 1833. El gobernador Vernet continuaba en Buenos Aires y el comandante de la Sarandí, teniente coronel José María Pinedo, ante la inferioridad de condiciones para una respuesta bélica, optó por embarcar a los colonos que quisieran retirarse y puso proa a Buenos Aires, pero antes designó jefe militar y político a Juan Simón, capataz de Vernet, quien había ayudado a la detención de los asesinos de Mestivier. Onslow por su parte, tras tomar posesión de las islas en nombre del monarca británico y saquear la población, le encargó al despensero de Vernet Guillermo Dickson, irlandés, que izara la bandera inglesa cada domingo. Luego partió sin dejar ninguna autoridad británica designada. Durante su breve presencia, no hubo o por parte de los pobladores restantes, incluido Rivero, ninguna manifestación de repudio al ataque inglés, ni Simón exteriorizó el mandato que había recibido de Pinedo. Tampoco Dickson, que se sepa, cumplió las órdenes de Onslow.  
En esa isla sin más gobierno que el nominal de un capataz, los gauchos, encabezados por Antonio Rivero, le dijeron en marzo de 1833 a Simón que no querían trabajar más en recoger la hacienda y llevarla a los corrales. Simón pactó con ellos que trabajaran cinco meses más y que le pagarían los salarios en metálico. En realidad no era Simón el pagador sino el administrador de los bienes de Vernet, Mateo Brisbane, inglés.  Pasados los cinco meses, se les ofreció el pago en papel, lo que Rivero rechazó y sintiéndose burlado, preparó su venganza. Con la ayuda de otros dos gauchos y de cinco indios procedieron el 26 de agosto a asesinar primero a Brisbane, luego a  Dickson, inmediatamente a Juan Simón, el capataz y gobernador interino, y a continuación a Ventura Pazos, argentino, escribiente de Brisbane, y al colono alemán Antonio Wagner. Tras los asesinatos, se apoderaron de los bienes de las víctimas, saqueando sus viviendas. El resto de los pobladores, aterrorizados, se refugiaron en islotes vecinos, a los que los criminales no pudieron acceder por falta de barcazas (Juan B. Almeida, Qué hizo el gaucho Rivero en las Malvinas, Buenos Aires, Plus Ultra, 1972).
Cuando en enero de 1834, arribó a Puerto Egmont, una nueva fragata inglesa, apresó a los ocho delincuentes y restituyó a los pobladores a la isla principal. Llevados los presos a Inglaterra, tras muchas dudas se decidió que juzgarlos provocaría un incidente con Buenos Aires y podría despertar inquietudes en otras potencias, por lo que se optó por abandonarlos en tierra americana (César A. García Belsunce, “Un debate británico sobre las Islas Malvinas”, comunicación leída en la sesión privada de la Academia de julio de 2007).
En ninguno de los múltiples documentos generados por el crimen, tanto en Buenos Aires como en Londres, se invocó que Antonio Rivero actuara con alguna finalidad patriótica, sino sólo por espíritu de venganza y de codicia, dando muerte a los empleados de Vernet de quienes dependía y a Juan Simón, jefe interino de las Islas por decisión de Pinedo, además de a otros dos civiles que ninguna responsabilidad tenían respecto de los salarios adeudados. Si Rivero hubiera hecho algún gesto de “recuperar la soberanía patria” -como también se lee en el billete de marras-, no se hubiera librado de la justicia inglesa pues habría atentado contra el dominio de Su Majestad Británica, y hubiera sido ahorcado. Se salvó justamente porque se lo consideró un asesinato múltiple.
En consecuencia el billete de cincuenta pesos en cuestión sostiene una mentira que los derechos argentinos a las islas no necesita; más aún resulta vergonzosa. Creo que estos argumentos son suficientes para solicitar a las autoridades competentes que retiren de la circulación ese billete.
Al margen de lo expuesto, la figura que pretende representar a Rivero es anacrónica, pues su vestimenta no es propia de su época sino del siglo XX y evoca más una jineteada en la Sociedad Rural Argentina de nuestro tiempo que a un gaucho de la primera mitad del siglo XIX en las tierras yermas de nuestras islas. La ridiculez se añade a la falsedad.

Saludo a señor Presidente con mi más alta estima.
 
 
                                                          
 
 
César A. García Belsunce
                                                             Académico de número
 


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